Hace unos días el gobierno británico prohibió la entrada al Reino Unido a Geert Wilders por que planeaba proyectar en el Parlamento inglés su video “Fitna”, en donde, se demuestra el mensaje de odio, terror y muerte que propaga el Corán hacia los infieles. Lo curioso del asunto es que en la cuna de los derechos fundamentales, en particular, de la libertad de expresión y la libertad religiosa, el gobierno haya tomado esta decisión debido a que violaba la política estatal sobre la exclusión y el extremismo.
Ahora resulta que la misión del gobierno británico es proteger y promover la islamización de Europa, a través, de medidas cuasitotalitarias que restringen la libertad de expresión. Ya sólo falta que se tipifique como un crimen de odio el derecho a criticar razonadamente la efectiva invasión del Islam a Europa. ¿En dónde ha quedado la cordura, la sensatez y sobre todo la verdad? Si los gobiernos europeos continuan promoviendo este tipo de medidas, se habrá declarado el suicidio cultural, religioso e histórico de la región. Sin embargo, la lucha por la identidad europea apenas comienza, Geert Wilders es uno de sus defensores. Es nuestro deber apoyarlo si aún sostenemos que el legado grecoromano-cristiano es lo que le da sentido y vitalidad a nuestra civilización occidental. ”Alea iacta est”, la suerte está echada.

Obispo Richard Williamson
“Mientras que vuelvo a expresar de todo corazón mi completa e incondicional solidaridad con nuestros hermanos, portadores de la primera Alianza, deseo que la shoah incite a la humanidad a reflexionar sobre el imprevisible poder del mal, cuando toma posesión del corazón del hombre. Que la shoah sea, para todos, una advertencia contra el olvido, contra el negacionismo o el reducionismo”
S.S. Benedicto XVI, 28 de enero de 2009
“Creo que no hubo cámaras de gas. Creo que entre 200.000 y 300.000 judíos murieron en el período nazi en campos de concentración, pero ninguno de ellos en cámaras de gas”
Richard Williamson, noviembre de 2008
En primer lugar cabría afirmar que los judiíos no tienen derecho a imponer su criterio sobre cuestiones que competen directamente a la jurisidicción de la Iglesia Católica, como lo es el de levantar la excomunión a sus miembros. Nada impedía en los canones de Derecho Canónico para que la Santa Sede, por medio de un decreto emitido por el Prefecto para la Congregación de los Obispos, levantase la excomunión latae sententiae a los cuatro obispos de la Sociedad San Pío X, entre ellos Richard Williamson.
Por otro lado, cabe señalar que el Sumo Pontífice Benedicto XVI ha aprobado una decisión cuyos efectos son congruentes con las enseñanzas del magisterio de la Iglesia: si algo ha quedado claro, en general a partir del Concilio Vaticano II, y en particular con la Declaración Conciliar Nostra Aetate, es la disposición ecuménica de la Iglesia Católica para reconocer en los judíos el carácter veterotestamentario de pueblo elegido por Dios y para otorgarles el calificativo de hermanos mayores en la fe. Sin embargo, aún sin considerar lo anterior, el hecho de que un sacerdote católico se pronuncie a favor o en contra de la historicidad de ciertos actos cometidos en el Holocausto, entra en el terreno del debate historográfico y no en de la disputa teológica.
Si algo es condenable en el asunto, es la posición asumida por ciertos sectores del judaísmo y del laicado que interpretan la decisión como si fuese una aprobación directa por parte del Papa hacia el negacionismo de la Shoa. También lo es los sectores sociales que bajo el velo de la corrección política se han limitado a aceptar, sin mayores cortapisas, la veracidad histórica de la versión oficial del Holocausto, claudicando con ello a la confrontación entre distintas evidencias históricas que pueden dar una versión más amplia y certera de los hechos. Hay que saber diferenciar entre la negación de la existencia de un hecho histórico, como lo es el Holocausto (negacionismo) y el revisar algunos de las evidencias fácticas que soportan la reconstrucción histórica de dicho acontecimiento (revisionismo), esto último, la postura defendida por el obispo Williamson.
En conclusión, lo aberrante del exterminio sistemático de los judíos no es la cantidad ni la forma material en que se hubiese ejecutado, lo cual, como todo suceso humano está sujeto a la investigación histórica; sino la gravedad del asunto radica en la crueldad y el odio con el que se les desconoció su eminente dignidad de personas humanas y, por otro lado, el que se les haya restringido su legítimo derecho al ejercicio de la libertad religiosa. Si alguien lo ha afirmado de esta manera ha sido el magisterio de la Iglesia Católica Romana.

La Francia musulmana
Ya lo advertía hacía tiempo, hay algo que no me convence de M. Nicolas Sarkozy. Quizá es: su afán por convertirse en una celebridad frívola que ilustre las portadas de la prensa rosa; su creciente apoyo al sionismo judío; su admiración a la retórica vacía de Obama; sin embargo, la última nota del presidente francés es simplemente una verdadera ofensa a Europa, cuna de la civilización occidental cristiana.
Convertido en el “defensor de las minorías”, Sarkozy ha caído en el chantaje multiculturalista de la izquierda liberal y ha decidido apoyar abiertamente la islamización de Francia. La siguiente nota (cortesía de “El Manifiesto”), con una retórica típica de la corrección política, fue escrita por el presidente con motivo de la celebración musulmana de Aïd al-Adh:
Queridos compatriotas musulmanes:
Con gran emoción me dirijo a vosotros con motivo de la celebración de Aïd al-Adha, la fiesta de ayuda mutua y de solidaridad en la cual cada uno de vosotros realiza un acto de voluntad divina y perpetúa la tradición del padre de las religiones monoteístas, esto es: Abraham. [...]
Relegados hace tiempo en la trastienda, los musulmanes ya pueden enarbolar orgullosamente su religión. Hoy en día, y de manera ya definitiva, el Islam forma parte íntegra de nuestro entorno cultural, económico y urbano. Para convencerse de ello, sólo hay que ver el número de mezquitas y centros culturales islámicos que se construyen o el número de comercios propios que se abren. Numéricamente, Francia dispone de la comunidad musulmana más fuerte de Europa. El departamento de Sena-Saint-Denis, dónde vivís, es la comunidad más emblemática, puesto que el Islam incluso constituye la primera religión. Francia está, por supuesto, dispuesta a proseguir este esfuerzo a fin de permitir que el Islam se expanda en las condiciones más propicias. [...] Sé que Francia podrá contar con vuestra sagacidad y, sobre todo, con una mejor comprensión del mensaje coránico, que predica la paz y la tolerancia.
Lo anterior nos demuestra que la derecha liberal en Francia (y quizá en toda Europa) no tiene un proyecto cultural que fortalezca la identidad occidental cristiana en el mundo contemporáneo. Como alguna vez mencionó Richard Weaver “las ideas tienen consecuencias” y al parecer la derecha liberal no logra entenderlo.
La libertad religiosa es uno de los cimientos indispensables para el buen funcionamiento de toda democracia constitucional. Ya desde el siglo XIX Alexis de Tocqueville advertía que el vigor de una república democrática se debía poderosamente al ejercicio positivo de la religión en libertad. La contribución que realizó Don Carlos Abascal Carranza en este terreno es invaluable. El nos recordó que la libertad religiosa no es un privilegio que otorga el Estado: es un derecho fundamental inherente a la naturaleza del hombre.
La cultura política mexicana, heredera del liberalismo laicista y el nacionalismo revolucionario, siempre vio con recelo la práctica congruente de la fe tanto en la vida pública como en el ámbito privado. Don Carlos nos enseñó valerosamente que la laicidad del Estado no implica que los ciudadanos renunciemos a la práctica efectiva de nuestra fe en la función pública, ni mucho menos que dicha renuncia se traduzca en una indeferencia y desconfianza hacia la religión. Por el contrario, la laicidad positiva debe ser entendida como un diálogo fructífero entre la religión y el Estado que contribuya al efectivo fortalecimiento de los valores en la cultura de la sociedad.
Don Carlos fiel a esta premisa nos demostró que en nuestro país se puede ser congruentemente un católico ejemplar y un virtuoso ciudadano que construya día con día una civilización del amor. A nosotros los jóvenes, conscientes de ser hijos de Dios, nos toca seguir su ejemplo dando un testimonio efectivo y profesional para la edificación del bien común en México.
Este artículo fue publicado en la sección “Cartas del lector” del Periódico Reforma (México) el día 7 de diciembre de 2008.
El panorama que nos presenta la crisis económica mundial es poco alentador, aunado a ello, la crisis moral que se avecina en los Estados Unidos con el triunfo de B. Obama es inevitable. Para Peter Hitchens el triunfo de Obama representa la derrota cultural de la revolución conservadora. Para Jose Luis Restán el modelo de laicidad positiva de los EE.UU. se encuentra en peligro; mientras que para Patrick Buchanan los 100 primeros días de Obama deparan un aumento trillonario en el gasto público, la aprobación de las uniones homosexuales y la legalización irrestricta del aborto.
Por lo mientras, los primeros actos ejecutivos de Obama serán autorizar la investigación embrionaria con células madre y el financiamiento con fondos federales a los grupos pro-aborto; en eso consiste su cambio: en promover una cultura de la muerte e imponer una dictadura del relativismo, la debacle moral apenas comienza…
Oremos para que Dios protega a los EE.UU. frente a un nuevo ataque del liberalismo socialista. No olvidemos que como dijo alguna vez Pío XII: ”El Rosario es arma poderosísima para curar los males que afligen a nuestro mundo”.
El enemigo se encuentra en casa. El avance del fundamentalismo islámico en Europa (primera entrega).
“When people talk as if the Crusades were nothing more than an aggressive raid against Islam, they seem to forget in the strangest way that Islam itself was only an aggressive raid against the old and ordered civilization in these parts… but certainly it was Islam that was the invasion and Christendom that was the thing invaded. It was exactly because it seemed self-evident, to Moslems as to Bolshevists, that their simple creed was suited to everybody, that they wished in that particular sweeping fashion to impose it on everybody. It was because Islam was broad that Moslems were narrow. And because it was not a hard religion it was a heavy rule.”
G.K. Chesterton, The New Jerusalem
El siglo XV ha sido descrito por la historiografía como uno de las épocas de mayores transformaciones en la humanidad, mientras Constantinopla caía a manos del Imperio Turco Otomano en 1453, en la península ibérica los Reyes Católicos imponían le coup de grâce al último reducto de musulmanes apostados en la ciudad de Granada dando la victoria final al proceso de Reconquista y a la par de la llegada de Cristóbal Colón a tierras americanas en 1492. Al parecer la casa se había puesto en orden. Sin embargo el siglo siguiente estaría marcado por la convulsión política marcados por el creciente poder del Imperio Turco de Selim II y el surgimiento de las potencias occidentales. El destino de Europa pendía de un hilo, el futuro perfil cultural del continente se jugaría en el golfo de Lepanto. El 7 de octubre de 1571 la Liga Santa, coalición formada por las potencias cristianas de la época España, Venecia y la Santa Sede, comandada por Don Juan de Austria, hijo ilegítimo del emperador Carlos V, derrotaban a los navíos del imperio musulmán. A partir de ese momento el Islam quedaría bajo la sombra del poderío cristiano…
Gracias de nueva cuenta a Zenit, publico una de sus notas que nos hace reflexionar sobre la participación de los católicos en la política.
Predicador del Papa: Humanizar la política, un deber para el cristiano
Comentario del padre Cantalamessa a la liturgia del próximo domingo
ROMA, viernes 10 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap. – predicador de la Casa Pontificia –, a la liturgia del domingo próximo, 19 de octubre.
****
XXIX Domingo del tiempo ordinario
Isaías, 45, 1.4-6; 1ª Tesalonicenses 1, 1-5b; Mateo 22, 15-21
“Al César lo que es del César”
El Evangelio de este domingo termina con una de aquellas frases lapidarias de Jesús que han dejado una marca profunda en la historia y en el lenguaje humano: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. No más: o César o Dios, sino: uno y otro, cada uno en su lugar. Es el comienzo de la separación entre religión y política, hasta entonces inseparables en todos los pueblos y regímenes. Los hebreos estaban acostumbrados a concebir el futuro reino de Dios instaurado por el Mesías como una “teocracia”, es decir, como un gobierno dirigido por Dios en toda la tierra a través de su pueblo. Ahora en cambio, la palabra de Cristo revela un reino de Dios que “está” en el mundo pero que no “es” de este mundo, que camina en una longitud de onda distinta y que, por ello, coexiste con cualquier otro régimen, sea de tipo sacro o “laico”.
Se revelan así dos tipos cualitativamente diversos de soberanía de Dios en el mundo: la “soberanía espiritual” que constituye el reino de Dios y que ejerce directamente en Cristo, y la “soberanía temporal” o política, que Dios ejerce directamente, confiandola a la libre elección de las personas y al juego de las causas segundas.
César y Dios, sin embargo, no están al mismo nivel, porque también César depende de Dios y debe rendirle cuentas. “Dad a César lo que es de César” significa, por tanto: “Dad a César lo que ‘Dios mismo quiere’ que le sea dado a César”. Dios es el soberano de todos, César incluido. No estamos divididos entre dos pertenencias, no estamos obligados a servir “a dos señores”. El cristiano es libre de obedecer al Estado, pero también de resistir al Estado cuando éste se pone contra Dios y su ley. En este caso, no vale invocar el principio del orden recibido de los superiores, como suelen hacer ante los tribunales los responsables de crímenes de guerra. Antes que a los hombres, hay que obedecer a Dios y a la propia conciencia. Ya no se puede dar a César el alma que es de Dios.
El primero en sacar conclusiones prácticas de esta enseñanza de Cristo fue san Pablo. Escribió: “Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino.. Por eso precisamente pagáis los impuestos, porque son funcionarios de Dios, ocupados asiduamente en ese oficio” (Rom 13, 1 ss.). Pagar lealmente los impuestos para un cristiano (también para toda persona honrada) es un deber de justicia y por tanto un deber de conciencia. Garantizando el orden, el comercio y todos los demás servicios, el Estado da al ciudadano algo por lo que tiene derecho a una contrapartida, precisamente para poder seguir dando estos servicios.
La evasión fiscal, cuando alcanza ciertas proporciones -nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica- es un pecado mortal, similar al de cualquier robo grave. Es un robo hecho no al “Estado”, o sea, a nadie, sino a la comunidad, es decir, a todos. Esto supone naturalmente que también el Estado sea justo y equitativo cuando impone las tasas.
La colaboración de los cristianos en la construcción de una sociedad justa y pacífica no se agota con pagar los impuestos; debe extenderse también a la promoción de valores comunes, como la familia, la defensa de la vida, la solidaridad con los más pobres, la paz. Hay también otro ámbito en el que los cristianos deberían dar una contribución más grande a la política. No tiene tanto que ver con los contenidos como con los métodos, el estilo. Es necesario desempozoñar el clima de lucha permanente, procurar mayor respeto, compostura y dignidad en las relaciones entre partidos. Respeto al prójimo, moderación, capacidad de autocrítica: son rasgos que un discípulo de Cristo debe llevar a todas las cosas, también a la política. Es indigno de un cristiano abandonarse a insultos, sarcasmo, rebajarse a riñas con los adversarios. Si, como decía Jesús, quien dice al hermano “estúpido” ya es reo de la Gehenna, ¿qué será de muchos políticos?





