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La Francia musulmana
Ya lo advertía hacía tiempo, hay algo que no me convence de M. Nicolas Sarkozy. Quizá es: su afán por convertirse en una celebridad frívola que ilustre las portadas de la prensa rosa; su creciente apoyo al sionismo judío; su admiración a la retórica vacía de Obama; sin embargo, la última nota del presidente francés es simplemente una verdadera ofensa a Europa, cuna de la civilización occidental cristiana.
Convertido en el “defensor de las minorías”, Sarkozy ha caído en el chantaje multiculturalista de la izquierda liberal y ha decidido apoyar abiertamente la islamización de Francia. La siguiente nota (cortesía de “El Manifiesto”), con una retórica típica de la corrección política, fue escrita por el presidente con motivo de la celebración musulmana de Aïd al-Adh:
Queridos compatriotas musulmanes:
Con gran emoción me dirijo a vosotros con motivo de la celebración de Aïd al-Adha, la fiesta de ayuda mutua y de solidaridad en la cual cada uno de vosotros realiza un acto de voluntad divina y perpetúa la tradición del padre de las religiones monoteístas, esto es: Abraham. [...]
Relegados hace tiempo en la trastienda, los musulmanes ya pueden enarbolar orgullosamente su religión. Hoy en día, y de manera ya definitiva, el Islam forma parte íntegra de nuestro entorno cultural, económico y urbano. Para convencerse de ello, sólo hay que ver el número de mezquitas y centros culturales islámicos que se construyen o el número de comercios propios que se abren. Numéricamente, Francia dispone de la comunidad musulmana más fuerte de Europa. El departamento de Sena-Saint-Denis, dónde vivís, es la comunidad más emblemática, puesto que el Islam incluso constituye la primera religión. Francia está, por supuesto, dispuesta a proseguir este esfuerzo a fin de permitir que el Islam se expanda en las condiciones más propicias. [...] Sé que Francia podrá contar con vuestra sagacidad y, sobre todo, con una mejor comprensión del mensaje coránico, que predica la paz y la tolerancia.
Lo anterior nos demuestra que la derecha liberal en Francia (y quizá en toda Europa) no tiene un proyecto cultural que fortalezca la identidad occidental cristiana en el mundo contemporáneo. Como alguna vez mencionó Richard Weaver “las ideas tienen consecuencias” y al parecer la derecha liberal no logra entenderlo.
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Tags: France, Islam, Nicolas Sarkozy, Richard Weaver
La libertad religiosa es uno de los cimientos indispensables para el buen funcionamiento de toda democracia constitucional. Ya desde el siglo XIX Alexis de Tocqueville advertía que el vigor de una república democrática se debía poderosamente al ejercicio positivo de la religión en libertad. La contribución que realizó Don Carlos Abascal Carranza en este terreno es invaluable. El nos recordó que la libertad religiosa no es un privilegio que otorga el Estado: es un derecho fundamental inherente a la naturaleza del hombre.
La cultura política mexicana, heredera del liberalismo laicista y el nacionalismo revolucionario, siempre vio con recelo la práctica congruente de la fe tanto en la vida pública como en el ámbito privado. Don Carlos nos enseñó valerosamente que la laicidad del Estado no implica que los ciudadanos renunciemos a la práctica efectiva de nuestra fe en la función pública, ni mucho menos que dicha renuncia se traduzca en una indeferencia y desconfianza hacia la religión. Por el contrario, la laicidad positiva debe ser entendida como un diálogo fructífero entre la religión y el Estado que contribuya al efectivo fortalecimiento de los valores en la cultura de la sociedad.
Don Carlos fiel a esta premisa nos demostró que en nuestro país se puede ser congruentemente un católico ejemplar y un virtuoso ciudadano que construya día con día una civilización del amor. A nosotros los jóvenes, conscientes de ser hijos de Dios, nos toca seguir su ejemplo dando un testimonio efectivo y profesional para la edificación del bien común en México.
Este artículo fue publicado en la sección “Cartas del lector” del Periódico Reforma (México) el día 7 de diciembre de 2008.
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Tags: Carlos Abascal Carranza, católico, México, PAN
El panorama que nos presenta la crisis económica mundial es poco alentador, aunado a ello, la crisis moral que se avecina en los Estados Unidos con el triunfo de B. Obama es inevitable. Para Peter Hitchens el triunfo de Obama representa la derrota cultural de la revolución conservadora. Para Jose Luis Restán el modelo de laicidad positiva de los EE.UU. se encuentra en peligro; mientras que para Patrick Buchanan los 100 primeros días de Obama deparan un aumento trillonario en el gasto público, la aprobación de las uniones homosexuales y la legalización irrestricta del aborto.
Por lo mientras, los primeros actos ejecutivos de Obama serán autorizar la investigación embrionaria con células madre y el financiamiento con fondos federales a los grupos pro-aborto; en eso consiste su cambio: en promover una cultura de la muerte e imponer una dictadura del relativismo, la debacle moral apenas comienza…
Oremos para que Dios protega a los EE.UU. frente a un nuevo ataque del liberalismo socialista. No olvidemos que como dijo alguna vez Pío XII: ”El Rosario es arma poderosísima para curar los males que afligen a nuestro mundo”.
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Tags: aborto, cultura de la muerte, Obama, relativismo
El día de ayer el mundo entero presenció como el electorado americano elegía al primer presidente negro de su historia, de ascendencia etíope musulmana y con un agresivo ideario político socialdemócrata-liberal con marcada predominancia keynesiana, populista y pro-abortista.
Sin restarle méritos a una campaña histórica que culmina con la segregación racial en el ámbito presidencial, es importante señalar que Barack Obama obtuvo la victoria gracias al voto emocional. La mayoría de los electores no tomaron en cuenta su inexperiencia política, ni su evidente actitud elitista-egocéntrica y ni siquiera la marcada contradicción en cada uno de sus posicionamientos. Lo que realmente importó fue su carisma por el cambio, el halo de mesianismo que desprendía en cada uno de sus discursos y la pose de celebridad mediática con la que se condució durante su campaña. Más que ganar por sus propuestas, fueron los factores externos los que abonaron a su victoria, en particular fueron de gran apoyo la crisis económica y los errores en la campaña de McCain. Debido a todo lo anterior, una vez más se comprobó que las democracias representativas funcionan bajo el paradigma del votante irracional que obedece más a sus instintos y pasiones que a una lógica racional y sistemática.
Por otro lado, a pesar de la baja popularidad del presidente George W. Bush con un índice de aprobación de alrededor del 27% entre el electorado, John McCain obtuvo el 46% del voto popular, lo cual nos indica que la victoria de Obama no se tradujo en un voto de castigo para el partido Republicano. En conclusión, la victoria de ayer nos demuestra, además de la obviedad histórica de la victoria de Obama, que los americanos han decidido dar un viraje radical hacia una izquierda liberal de rasgos socialistas. Ahora, la tarea de republicanos será prevenir y enmendar los múltiples errores que cometerá Obama en su afán desbocado e irresponsable de transformar a los Estados Unidos en un Welfare state de dimensiones épicas.
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Tags: elecciones 08, Obama, socialismo, Welfare state
El enemigo se encuentra en casa. El avance del fundamentalismo islámico en Europa (primera entrega).
“When people talk as if the Crusades were nothing more than an aggressive raid against Islam, they seem to forget in the strangest way that Islam itself was only an aggressive raid against the old and ordered civilization in these parts… but certainly it was Islam that was the invasion and Christendom that was the thing invaded. It was exactly because it seemed self-evident, to Moslems as to Bolshevists, that their simple creed was suited to everybody, that they wished in that particular sweeping fashion to impose it on everybody. It was because Islam was broad that Moslems were narrow. And because it was not a hard religion it was a heavy rule.”
G.K. Chesterton, The New Jerusalem
El siglo XV ha sido descrito por la historiografía como uno de las épocas de mayores transformaciones en la humanidad, mientras Constantinopla caía a manos del Imperio Turco Otomano en 1453, en la península ibérica los Reyes Católicos imponían le coup de grâce al último reducto de musulmanes apostados en la ciudad de Granada dando la victoria final al proceso de Reconquista y a la par de la llegada de Cristóbal Colón a tierras americanas en 1492. Al parecer la casa se había puesto en orden. Sin embargo el siglo siguiente estaría marcado por la convulsión política marcados por el creciente poder del Imperio Turco de Selim II y el surgimiento de las potencias occidentales. El destino de Europa pendía de un hilo, el futuro perfil cultural del continente se jugaría en el golfo de Lepanto. El 7 de octubre de 1571 la Liga Santa, coalición formada por las potencias cristianas de la época España, Venecia y la Santa Sede, comandada por Don Juan de Austria, hijo ilegítimo del emperador Carlos V, derrotaban a los navíos del imperio musulmán. A partir de ese momento el Islam quedaría bajo la sombra del poderío cristiano…
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Tags: cristianismo, Don Juan de Austria, España, Europa, Islam, Lepanto
Gracias de nueva cuenta a Zenit, publico una de sus notas que nos hace reflexionar sobre la participación de los católicos en la política.
Predicador del Papa: Humanizar la política, un deber para el cristiano
Comentario del padre Cantalamessa a la liturgia del próximo domingo
ROMA, viernes 10 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap. – predicador de la Casa Pontificia –, a la liturgia del domingo próximo, 19 de octubre.
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XXIX Domingo del tiempo ordinario
Isaías, 45, 1.4-6; 1ª Tesalonicenses 1, 1-5b; Mateo 22, 15-21
“Al César lo que es del César”
El Evangelio de este domingo termina con una de aquellas frases lapidarias de Jesús que han dejado una marca profunda en la historia y en el lenguaje humano: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. No más: o César o Dios, sino: uno y otro, cada uno en su lugar. Es el comienzo de la separación entre religión y política, hasta entonces inseparables en todos los pueblos y regímenes. Los hebreos estaban acostumbrados a concebir el futuro reino de Dios instaurado por el Mesías como una “teocracia”, es decir, como un gobierno dirigido por Dios en toda la tierra a través de su pueblo. Ahora en cambio, la palabra de Cristo revela un reino de Dios que “está” en el mundo pero que no “es” de este mundo, que camina en una longitud de onda distinta y que, por ello, coexiste con cualquier otro régimen, sea de tipo sacro o “laico”.
Se revelan así dos tipos cualitativamente diversos de soberanía de Dios en el mundo: la “soberanía espiritual” que constituye el reino de Dios y que ejerce directamente en Cristo, y la “soberanía temporal” o política, que Dios ejerce directamente, confiandola a la libre elección de las personas y al juego de las causas segundas.
César y Dios, sin embargo, no están al mismo nivel, porque también César depende de Dios y debe rendirle cuentas. “Dad a César lo que es de César” significa, por tanto: “Dad a César lo que ‘Dios mismo quiere’ que le sea dado a César”. Dios es el soberano de todos, César incluido. No estamos divididos entre dos pertenencias, no estamos obligados a servir “a dos señores”. El cristiano es libre de obedecer al Estado, pero también de resistir al Estado cuando éste se pone contra Dios y su ley. En este caso, no vale invocar el principio del orden recibido de los superiores, como suelen hacer ante los tribunales los responsables de crímenes de guerra. Antes que a los hombres, hay que obedecer a Dios y a la propia conciencia. Ya no se puede dar a César el alma que es de Dios.
El primero en sacar conclusiones prácticas de esta enseñanza de Cristo fue san Pablo. Escribió: “Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino.. Por eso precisamente pagáis los impuestos, porque son funcionarios de Dios, ocupados asiduamente en ese oficio” (Rom 13, 1 ss.). Pagar lealmente los impuestos para un cristiano (también para toda persona honrada) es un deber de justicia y por tanto un deber de conciencia. Garantizando el orden, el comercio y todos los demás servicios, el Estado da al ciudadano algo por lo que tiene derecho a una contrapartida, precisamente para poder seguir dando estos servicios.
La evasión fiscal, cuando alcanza ciertas proporciones -nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica- es un pecado mortal, similar al de cualquier robo grave. Es un robo hecho no al “Estado”, o sea, a nadie, sino a la comunidad, es decir, a todos. Esto supone naturalmente que también el Estado sea justo y equitativo cuando impone las tasas.
La colaboración de los cristianos en la construcción de una sociedad justa y pacífica no se agota con pagar los impuestos; debe extenderse también a la promoción de valores comunes, como la familia, la defensa de la vida, la solidaridad con los más pobres, la paz. Hay también otro ámbito en el que los cristianos deberían dar una contribución más grande a la política. No tiene tanto que ver con los contenidos como con los métodos, el estilo. Es necesario desempozoñar el clima de lucha permanente, procurar mayor respeto, compostura y dignidad en las relaciones entre partidos. Respeto al prójimo, moderación, capacidad de autocrítica: son rasgos que un discípulo de Cristo debe llevar a todas las cosas, también a la política. Es indigno de un cristiano abandonarse a insultos, sarcasmo, rebajarse a riñas con los adversarios. Si, como decía Jesús, quien dice al hermano “estúpido” ya es reo de la Gehenna, ¿qué será de muchos políticos?
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Hace 6 años en Roma
El día de ayer se cumplieron seis años de la ceremonia de canonización de San José María Escrivá de Balaguer oficiada por el Siervo de Dios Juan Pablo II. Nos sumamos a los festejos de ese glorioso día.
“Esta verdad cristiana fundamental era un tema recurrente de su predicación. En efecto, no dejaba de invitar a sus hijos espirituales a invocar al Espíritu Santo para hacer que la vida interior -la vida de relación con Dios- y la vida familiar, profesional y social, plena de pequeñas realidades terrenas, no estuvieran separadas, sino que constituyeran una única existencia “santa y llena de Dios”. “A ese Dios invisible —escribió—, lo encontramos en las cosas más visibles y materiales”. También hoy esta enseñanza suya es actual y urgente. El creyente, en virtud del bautismo, que lo incorpora a Cristo, está llamado a entablar con el Señor una relación ininterrumpida y vital”.
“Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios” (Rm 8,14). Estas palabras del apóstol Pablo que acaban de resonar en nuestra asamblea, nos ayudan a comprender mejor el significativo mensaje de la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer, que celebramos hoy. Él se dejó guiar dócilmente por el Espíritu, convencido de que sólo así se puede cumplir plenamente la voluntad de Dios”.
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Tags: 6 de octubre de 2008, Juan Pablo II, Opus Dei, San José María Escrivá de Balaguer
Gracias a la agencia de noticias Zenit, el día de hoy publico en este espacio una interesante reflexión realizada por el historiador Alam Fimister sobre los orígenes católicos de la Unión Europea. Desde sus inicios la democracia cristiana ha sido la responsable de la arquitecura política de la Unión, sin embargo, frente a una Europa cada vez más secularizada caracterizada por una cultura relativista y materialista, es necesario retomar los postulados fundamentales de inspiración neotomista que le dieron origen.
NEWCASTLE, Inglaterra, domingo, 5 octubre 2008.- La idea original de la Unión Europea tienen profundas raíces en la enseñanza social católica, según el autor de un libro sobre Robert Schumann, uno de los fundadores de la institución.
El historiador católico Alan Fimister, autor de “Robert Schumann: Neo-scholastic Humanism and the Unification of Europe” (Robert Schumann: Humanismo Neoescolástico y la Unificación de Europa), publicado por Peter Lang, afirma que las actuaciones de Schumann en 1950 para encontrar lo que sería más tarde la Unión Europea fueron, hasta un grado notable, la puesta en práctica consciente del proyecto neotomista del Papa León XIII (1878-1903).
En esta entrevista con ZENIT, Fimister defiende la visión católica de los fundadores de la Unión Europea y la contribución que ofrece a la comprensión de la Unión Europea de hoy.
–¿Cuál fue el papel del Papa León XIII (1878-1903) en el desarrollo de la idea de integración europea?
–Fimister: El Papa León no estaba directamente preocupado por el tema de Europa. La realidad política de su época fue la de los grandes imperios coloniales multinacionales basados en Europa que dividía el mundo entre ellos. Lo que le preocupaba era el colapso del intento, al final de las guerras napoleónicas, de restaurar el orden europeo que precedió a la Revolución Francesa.
El fracaso del “Tratado de Viena” de 1815 – que había intentado rediseñar el mapa político de Europa tras la derrota de la Francia Napoleónica – había dado vía libre a las fuerzas que habían dirigido la misma Revolución Francesa, es decir, el nacionalismo, el liberalismo y el anticlericalismo.
Quedó claro, especialmente en Francia, que la asociación de la Iglesia con una forma particular de gobierno – el regalismo – eclipsó el más importante mensaje del papel de la religión en la vida pública y en los requisitos morales del estado. El Papa León hizo el primer objetivo de su papado lograr “la restauración, tanto en los dirigentes como en los pueblos, de los principios de la vida cristiana en la sociedad civil y doméstica” – y resolver las dificultades de la Iglesia con la República Francesa y con el republicanismo en general.
Hizo de la primacía de la filosofía cristiana de Santo Tomás de Aquino en el pensamiento católico el primer fundamento de este proyecto. Produjo nueve cartas encíclicas que forma los elementos fundamentales de la enseñanza social católica, y dejó claro que la Iglesia era neutral en el tema de las diversas formas de gobierno. La vieja monarquía, el imperio y la república eran todos aceptables si se ajustaban a los requisitos de la ley natural y revelada.
–¿Cómo se trasladó esta visión a los planes concretos de una nueva Europa?
–Fimister: Tras la Primera Guerra Mundial quedó claro que el poder global de Europa estaba en entredicho. La Europa Occidental y Central estaban amenazadas por el ascenso del comunismo pero, más bien que ver los desastres, consecuencia del rechazo de la fe, la gente volvía a las ideologías neopaganas del derecho a reaccionar a esta amenaza.
El Papa Pío XI enseñó que fue Santo Tomás quien “compuso una teología moral sustancial, capaz de dirigir todas las acciones humanas en concordancia con el fin último y sobrenatural del hombre”. Y que “es por ello que se espera que las enseñanzas del Aquinate, especialmente su exposición de la ley internacional y de las leyes que rigen las relaciones mutuas de los pueblos, sean cada más estudiadas”.
Pío XII enseñó que fue el rechazo de los poderes europeos a escuchar las advertencias de la Iglesia sobre las descristianización de la vida pública lo que condujo a la calamidad de la Segunda Guerra Mundial. Intentó mostrar las directrices en ese sentido que Pío XI había sugerido en su encíclica de 1939 “Summi Pontificatus” (Sobre la Unidad de la Sociedad Humana).
Al mismo tiempo, la promoción del tomismo de León XIII había llevado a una explosión de la actividad intelectual católica en esta área y, en particular, un intenso examen de cómo la exigencia de la Iglesia de que el poder civil reconociera la fe católica como fundamento de paz entre y dentro de las naciones podía buscarse, en un momento, en el que muchos estados existentes estaban comprometidos en la así llamado separación entre la iglesia y el estado.
Jacques Maritain, un católico francés converso y filósofo que escribió más de 60 libros, sostuvo que la democracia en sentido moderno, y el reunirse las naciones, era la traducción a la realidad política de la ley universal y revelada de la Caridad. Puesto que este orden sería dependiente de la esencia revelada de la ley universal de la caridad, se crearía una simpatía natural entre tales entidades supranacionales y la Iglesia católica, que les podría proporcionar las verdades reveladas y la gracia sacramental necesaria para su existencia.
Durante la guerra, Maritain incluso fue más allá al decir que la federación europea concebida bajo la bandera de la libertad llevaría en última instancia al establecimiento de una nueva cristiandad.
–¿Cuál era la visión de Robert Schuman para el desarrollo de una Europa unida, y en qué medida esta visión era compartida por los demás fundadores de lo que ha llegado a ser la Unión Europea?
–Fimister: La primera Comunidad Europea fue la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) de la que se desarrollaron las otras comunidades. Estas se combinaron en la Comunidad Europea y se integraron luego en el marco más grande la Unión Europea, que ahora incluye la cooperación intergubernamental en seguridad y en política exterior así como las tareas supranacionales “comunitarias” de la comunidad original.
Los líderes políticos que fundaron la CECA fueron en su mayoría católicos: Robert Schuman fue leal a su fe de modo intenso y afirmó públicamente que las encíclicas papales “definen la doctrina católica y obligan en conciencia”. Konrad Adenauer y Alcide de Gasperi fueron también especialmente importantes. El plan del carbón y del acero fue elaborado por un funcionario, Jean Monnet, que se convirtió en el primer hombre en ocupar el puesto que actualmente se llama Presidente de la Comisión. No era un católico comprometido pero la arquitectura esencial de las instituciones ya era defendida por Schuman antes de que Monet le presentara su propio proyecto.
Las enseñanzas de León XIII y su legado intelectual influyeron fuertemente en Adenauer y de Gasperi. Schuman recibió la influencia directa de la concepción de Maritain de la democracia supranacional como fundamento de la Nueva Cristiandad. “Europa”, decía Schuman, es “el establecimiento de una democracia generalizada en el sentido cristiano de la palabra”.
Al contrario de Maritain, Schuman rápidamente sostuvo la exigencia del magisterio de el destino final de la acción política católica debía ser el reconocimiento por el orden civil de la verdad de la fe, a través de la conversión de una “preponderancia numérica” del electorado.
–¿La Unión Europea de hoy mantiene alguno de los legados del Papa León XIII y de la visión de Robert Schuman?
–Fimister: En su mecanismo esencial sugerido a Schuman por Pío XII por el que “cada estado mantiene igual derecho a su propia soberanía” – pero en determinadas áreas esto se ejercita a través de “un órgano investido por el consentimiento común con poder supremo – la Unión Europea sigue siendo lo que Schuman previó.
Sin embargo, su aferrarse a la cultura de la muerte le habría aterrado. Las metas ligeramente más ambiciosas de Schuman le llevaron también a apreciar de forma más vívida que Maritain las posibles consecuencias de la corrupción de su visión. “Una democracia anticristiana”, afirmaba, “sería una caricatura que terminaría en anarquía o tiranía”.
Nuestra actual situación tiene elementos de ambos. Puesto que la justificación esencial para la democracia supranacional es sobrenatural, en un continente que ha dado su espalda a la fe, las instituciones supranacionales buscan una base alternativa al usurpar el papel de las autoridades nacionales.
De igual forma, el estado nacional postcristiano, llevado antes a asistir a la familia por la ley de la caridad, ahora busca usurpar el lugar de la familia causando que la familia se marchite. Simultáneamente está el desagradable surgimiento de la tiranía política y la anarquía social – la dictadura del relativismo.
No hay otra solución a esto que la búsqueda urgente de la Nueva Evangelización. Sin embargo, a los cristianos entretanto se les debe perdonar que se opongan a las exigencias tanto de la Unión Europea como de las autoridades nacionales con poderes cada vez más amplios.
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Tags: Democracia cristiana, León XIII, Pío XII, Robert Schumann, Santo Tomas de Aquino, UE










