
La siguiente reflexión tiene lugar con motivo del 199 aniversario del inicio de la Independencia de México celebrada el día de ayer 16 de septiembre.
En primer lugar, me gustaría señalar que en Iberoamérica los procesos de independencia con respecto a la Corona española tuvieron lugar en la segunda década del siglo XIX, en los cuales, la figura del caudillo tuvo un lugar preponderante en la consecución de dicho fin. En particular, en el caso de México, la historiografía oficial ha considerado a Miguel Hidalgo y Costilla, sacerdote secular, como el Padre de la Patria, en virtud, de haber sido el iniciador de la revuelta “independentista” al comenzar la lucha con el Grito de Dolores. Sin embargo, dicha consideración se antoja exagerada a la luz de las proclamas hechas por Hidalgo en el mencionado hecho entre las que se encontraban las de “¡Viva Fernando VII!, ¡Muera el gobierno usurpador!”, lo cual claramente demuestra que la intención inicial de Hidalgo no era la de independizar al Virreinato de la Nueva España con respecto a la metrópoli sino más bien desconocer al gobierno invasor impuesto por Napoleón Bonaparte con la consiguiente separación de facto con dicho régimen.
Ahora bien, si atendemos a la causa final de todo proceso de independencia que es la separación y autonomía de jure entre el Virreinato, Capitanía, Colonia, Provincia o Región y su respectiva Metrópoli; y, en consecuencia, su posterior constitución como un Estado nuevo y autónomo, entonces la realidad histórica nos demuestra que el verdadero padre de la Patria fue Don Agustín de Iturbide, en virtud, de haber sido él quien consumó todo el proceso a través de la firma de los Tratados de Córdoba, norma jurídica por la cual España reconoció la indepencia de la Nueva España, y del Acta de Independencia del Imperio Mexicano, la Grundnorm del Estado Mexicano, en el año de 1821. Amén de haber sido este personaje quien dotó al Estado mexicano de uno de sus símbolos patrios, a saber: la bandera tricolor en conjunción con el escudo imperial. En suma, con base en estas consideraciones es dable afirmar que el verdadero Padre de la Patria es Don Agustín de Iturbide, cuyos restos se encuentran en la Catedral Metropolitana de la Arquidiocésis de México para mejor conmemoración de la gloria eterna de su gesta.
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