Sobre el revisionismo de Richard Williamson

Obispo Richard Williamson
“Mientras que vuelvo a expresar de todo corazón mi completa e incondicional solidaridad con nuestros hermanos, portadores de la primera Alianza, deseo que la shoah incite a la humanidad a reflexionar sobre el imprevisible poder del mal, cuando toma posesión del corazón del hombre. Que la shoah sea, para todos, una advertencia contra el olvido, contra el negacionismo o el reducionismo”
S.S. Benedicto XVI, 28 de enero de 2009
“Creo que no hubo cámaras de gas. Creo que entre 200.000 y 300.000 judíos murieron en el período nazi en campos de concentración, pero ninguno de ellos en cámaras de gas”
Richard Williamson, noviembre de 2008
En primer lugar cabría afirmar que los judiíos no tienen derecho a imponer su criterio sobre cuestiones que competen directamente a la jurisidicción de la Iglesia Católica, como lo es el de levantar la excomunión a sus miembros. Nada impedía en los canones de Derecho Canónico para que la Santa Sede, por medio de un decreto emitido por el Prefecto para la Congregación de los Obispos, levantase la excomunión latae sententiae a los cuatro obispos de la Sociedad San Pío X, entre ellos Richard Williamson.
Por otro lado, cabe señalar que el Sumo Pontífice Benedicto XVI ha aprobado una decisión cuyos efectos son congruentes con las enseñanzas del magisterio de la Iglesia: si algo ha quedado claro, en general a partir del Concilio Vaticano II, y en particular con la Declaración Conciliar Nostra Aetate, es la disposición ecuménica de la Iglesia Católica para reconocer en los judíos el carácter veterotestamentario de pueblo elegido por Dios y para otorgarles el calificativo de hermanos mayores en la fe. Sin embargo, aún sin considerar lo anterior, el hecho de que un sacerdote católico se pronuncie a favor o en contra de la historicidad de ciertos actos cometidos en el Holocausto, entra en el terreno del debate historográfico y no en de la disputa teológica.
Si algo es condenable en el asunto, es la posición asumida por ciertos sectores del judaísmo y del laicado que interpretan la decisión como si fuese una aprobación directa por parte del Papa hacia el negacionismo de la Shoa. También lo es los sectores sociales que bajo el velo de la corrección política se han limitado a aceptar, sin mayores cortapisas, la veracidad histórica de la versión oficial del Holocausto, claudicando con ello a la confrontación entre distintas evidencias históricas que pueden dar una versión más amplia y certera de los hechos. Hay que saber diferenciar entre la negación de la existencia de un hecho histórico, como lo es el Holocausto (negacionismo) y el revisar algunos de las evidencias fácticas que soportan la reconstrucción histórica de dicho acontecimiento (revisionismo), esto último, la postura defendida por el obispo Williamson.
En conclusión, lo aberrante del exterminio sistemático de los judíos no es la cantidad ni la forma material en que se hubiese ejecutado, lo cual, como todo suceso humano está sujeto a la investigación histórica; sino la gravedad del asunto radica en la crueldad y el odio con el que se les desconoció su eminente dignidad de personas humanas y, por otro lado, el que se les haya restringido su legítimo derecho al ejercicio de la libertad religiosa. Si alguien lo ha afirmado de esta manera ha sido el magisterio de la Iglesia Católica Romana.