La venganza de los liberales: el resurgimiento del Welfare state y el avance de la dictadura del relativismo
El día de ayer el mundo entero presenció como el electorado americano elegía al primer presidente negro de su historia, de ascendencia etíope musulmana y con un agresivo ideario político socialdemócrata-liberal con marcada predominancia keynesiana, populista y pro-abortista.
Sin restarle méritos a una campaña histórica que culmina con la segregación racial en el ámbito presidencial, es importante señalar que Barack Obama obtuvo la victoria gracias al voto emocional. La mayoría de los electores no tomaron en cuenta su inexperiencia política, ni su evidente actitud elitista-egocéntrica y ni siquiera la marcada contradicción en cada uno de sus posicionamientos. Lo que realmente importó fue su carisma por el cambio, el halo de mesianismo que desprendía en cada uno de sus discursos y la pose de celebridad mediática con la que se condució durante su campaña. Más que ganar por sus propuestas, fueron los factores externos los que abonaron a su victoria, en particular fueron de gran apoyo la crisis económica y los errores en la campaña de McCain. Debido a todo lo anterior, una vez más se comprobó que las democracias representativas funcionan bajo el paradigma del votante irracional que obedece más a sus instintos y pasiones que a una lógica racional y sistemática.
Por otro lado, a pesar de la baja popularidad del presidente George W. Bush con un índice de aprobación de alrededor del 27% entre el electorado, John McCain obtuvo el 46% del voto popular, lo cual nos indica que la victoria de Obama no se tradujo en un voto de castigo para el partido Republicano. En conclusión, la victoria de ayer nos demuestra, además de la obviedad histórica de la victoria de Obama, que los americanos han decidido dar un viraje radical hacia una izquierda liberal de rasgos socialistas. Ahora, la tarea de republicanos será prevenir y enmendar los múltiples errores que cometerá Obama en su afán desbocado e irresponsable de transformar a los Estados Unidos en un Welfare state de dimensiones épicas.
