He de confesar que me tomó por sorpresa el apoyo que diera en días recientes Nicolas Sarkozy a Barack Obama con motivo de su gira por Europa. Acto seguido, dicho asombro se transformó en desilusión ya que me mostró la faceta frívola del líder galo. Conocido por su pro-atlantismo (traducido en una admiración sincera por el modelo político de los Estados Unidos y en el estrechar relaciones con dicho país), Sarkozy, en un gesto por demás mediático, se desvivió en elogios para el senador Obama. Lo que admira del demócrata es su disposición multilateral para resolver la agenda internacional y su supuesto ánimo reformista para tratar los asuntos domésticos, sin embargo, si algo habría que recordarle a Sarkozy es que Obama es un fiel representante de los ataques a la familia, el sectarismo, la irresponsabilidad financiera, el proteccionismo económico y el relativismo ético, vicios que el presidente francés se ha empeñado en denunciar claramente. Por lo tanto, Sarkozy actuó incongruentemente con lo que defiende en la debate público europeo y se dejo arrastrar por el momento de popularidad mediática del político norteamericano.
No es la primera ocasión que Sarkozy me desilusiona, su administración se ha visto empañada por las notas que ha publicado la denominada prensa rosa (que han alcanzado los titulares de los diarios más importantes en Francia) en relación a sus relaciones personales, desafortunadamente la sociedad del espectáculo y del consumo lo ha seducido de alguna manera. El cambio por una nueva Francia, debe retomar la congruencia con los principios que animaron su campaña electoral: la cultura del mérito, el trabajo, la familia, la dignidad de la autoridad, la moral, la responsabilidad, en suma todos aquello que la izquierda caviar desprecia. Aún es tiempo de corregir el rumbo, el ánimo reformista sigue presente en las propuestas legislativas y administrativas del líder francés: la reforma laboral (contra la jornada de trabajo de sólo 35 horas semanales), la reforma de las instituciones (la 24ava. revisión constitucional de la Quinta República), la promoción de la adopción, la reforma militar, el Tratado de Lisboa, entre otras.
Espero sinceramente que Sarkozy, se convierta, al paso de los años, en un referente histórico para la denominada derecha europea conformada esencialmente por la democracia cristiana, el conservadurismo, el liberalismo económico y el nacionalismo, y que por ende sea recordado como un estadista europeo de la talla de Konrad Adenauer y no por sus actitudes frívolas y mediáticas. Un líder político no debe olvidar que la trascendencia está en los valores y no en la imagen.
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