Tuve un sueño: miré el muro de los siglos.
Era de carne viva y de brutal granito
-una inmovilidad construida de inquietudes,
un recinto que rueda ruido de multitudes,
pozos negros sembrados de pupilas feroces,
la evolución del monstruo muchedumbre,
vastos bajorrelieves y frescos colosales-,
y a veces se entreabría y atisbaba sus salas,
antros donde residen los dichosos, los fuertes,
el vencedor que aturde el incienso y el crimen,
y reductos de oro, jaspe y roca de púrpura.
Y temblaba ese muro como árbol bajo el viento,
y ahí estaban todos los siglos coronados
de torres o de espigas, esfinges melancólicas
guardando acuclilladas el secreto…
El mármol empuñaba la cuchilla y el cetro,
en el polvo había llanto y sangraba la arcilla.
Las desprendidas piedras guardaban forma humana.
Era de carne viva y de brutal granito
-una inmovilidad construida de inquietudes,
un recinto que rueda ruido de multitudes,
pozos negros sembrados de pupilas feroces,
la evolución del monstruo muchedumbre,
vastos bajorrelieves y frescos colosales-,
y a veces se entreabría y atisbaba sus salas,
antros donde residen los dichosos, los fuertes,
el vencedor que aturde el incienso y el crimen,
y reductos de oro, jaspe y roca de púrpura.
Y temblaba ese muro como árbol bajo el viento,
y ahí estaban todos los siglos coronados
de torres o de espigas, esfinges melancólicas
guardando acuclilladas el secreto…
El mármol empuñaba la cuchilla y el cetro,
en el polvo había llanto y sangraba la arcilla.
Las desprendidas piedras guardaban forma humana.
Traducción de Octavio Paz
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Tags: acueducto arriunado, muro de los siglos, Octavio Paz, poesía, Victor Hugo



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