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En una tanto cuanto heterodoxa definición pero sumamente fiel al pensamiento del humanismo político, así descrito por don Efraín González Luna a la sazón fundador del Partido Acción Nacional, el humanista rumano Vintila Horia refería de la siguiente manera el pensamiento que informa al continente político que conforma la llamada Derecha: “La Derecha no es una ideología, es un estilo de vida que coincide con unos valores fundamentales, y dentro de estos valores, en primer lugar, como cúpula de todos ellos, están los valores cristianos. La Derecha es un estilo de vida permanente dentro del cual está el amor, la familia, la propiedad privada, la fe religiosa, la moral, el heroísmo en la guerra como en la paz, esos son valores fundamentales que siempre han sido, volens nolens, de derechas, porque en contra de todos ellos siempre se han manifestado los de izquierdas. Ellos se han inventado una ideología, una filosofía para poder atacar estos valores que no necesitan de ninguna ideología. La Derecha representa la vida, y la Izquierda representa lo tanático. La Derecha está por el amor normal o natural en contra del aborto, en pro de la familia, en contra de la droga. Y no en balde, porque esto significa defender la vida. Desde el otro campo, desde el campo de las ideologías, que son siempre de izquierdas, brotan siempre los ataques en contra de la vida, defendiendo actitudes contra natura”.

En esta breve y sustanciosa definición, el citado autor rumano establece claramente las principales claves que sostienen al humanismo cristiano en la política, en esencia, surgido como una respuesta a los distintos ataques de la modernidad racionalista e iluminista que sugerían ya fuera por la vía del liberalismo utilitarista o, posteriormente, bajo la égida del comunismo ateo, la consagración del Estado como un fin en sí mismo, la deificación del poder público sobre la centralidad antropológica de la persona humana en todos los ámbitos vitales.

Si trazamos la trayectoria histórica del humanismo político en la historia de las ideas, necesariamente deberíamos hacer referencia a la aparición de la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII aparecida en el año de 1891 como una respuesta cristiana a los problemas de los trabajadores de la época. Posteriormente, ante el advenimiento de los regimenes totalitaristas, el Papa Pío XI en su encíclica Quadragesimo Anno de 1931, que conmemora los 40 años de la encíclica anteriormente citada, sienta las bases de lo que posteriormente se conocerían como los pilares de la Doctrina social de la Iglesia Católica, a saber, la solidaridad, la subsidiariedad y la libertad y dignidad humanas, cuyo reconocimiento y ejercicio deberían estar orientadas al bien común el cual contribuye ineludiblemente a la reconstrucción económica y política del orden social. Bajo este contexto, encontramos un nueva corriente de pensadores que revitalizaría el pensamiento político de la época. Entre ellos se encontraría Jacques Maritain que al fundar su obra filosófica en la tradición aristotélico-tomista discurriría sobre la centralidad de la dignidad humana anclada en la ley natural, concepto que serviría de base a la elaboración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas. Este pensador también contribuiría decisivamente con su obra Humanismo Integral a considerar la dimensión espiritual del hombre para evitar la creciente secularización de la sociedad por lo que obligadamente la dignidad del hombre y la consecuente participación política en una democracia plural encuentra su referente obligado en Dios.

Otro de ellos sería Emmanuel Mounier, quien al fundar y dirigir revista Esprit fungiría como faro intelectual del personalismo comunitario que al reconsiderar la libertad humana, sin caer en los excesos del permisivismo liberalista, y la dimensión social de la persona humana, sin consumirse en el discurso totalitario del comunismo, influiría irrevocablemente en personajes como Martin Luther King Jr. y en el Papa Juan Pablo II.

En México, al fundar el Partido Acción Nacional, Manuel Gómez Morín retomaría las principales contribuciones de estos pensadores, y junto con Efraín González Luna desarrollaría un nuevo espectro dentro de la tipología de los partidos políticos en la democracia plural al postular el deber ético de la ciudadanía para participar libre y responsable mente en el ámbito público bajo la doctrina política del humanismo político basado en los principios del respeto a la dignidad de la persona humana, el bien común, la solidaridad, la subsidiariedad, que, a la postre, con el consecuente evolución de esta filosofía política generaría, entre otros, las bases de la economía social de mercado, la esfera soberana de los cuerpos intermedios de la sociedad civil, la seguridad democrática, humanismo bioético y el desarrollo sustentable.

 


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En días pasados tuve la oportunidad de asistir a una serie de conferencias enfocadas al ámbito empresarial, en las cuales, me llevé una grata sorpresa al aprender que las lecciones sobre los negocios tienen validez universal. En una de ellas, el Dr. Luis Felipe Martí, profesor del IPADE, elaboró a profundidad el concepto de responsabilidad y sus implicaciones en la ética general. La novedad de la exposición, por lo menos para mí, consistió en que se puede hablar, desde la perspectiva ética, de diversos tipos de responsabilidad y no sólo de una responsabilidad.

Por lo menos existen cuatro tipos de responsabilidades:

  1. Antecedente, la cual implica planear los actos que se van a ejecutar.
  2. Consecuente, la cual implica responder por los actos que ejecutamos.
  3. Congruente, la cual implica atenerse a la realidad más inmediata, sintetizada en la frase popular “con estos bueyes hay que arar”, es decir, asumir una posición que vaya acorde con los hechos sin caer en falsos idealismos ni en un pesimismo trasnochado.
  4. Trascendente, en cuestión de jerarquía la más importante porque implica la responsabilidad hacia Dios y hacia los demás en ese orden. 

En esta tesitura, también se puede afirmar  que existe una responsabilidad de los círculos concéntricos que actua desde dentro hacia afuera. Tal como lo propuso su creador, el Dr. Carlos Llano, dicha teoría postula que cada esfera se va escalonando para permitir la articulación del hombre dentro de sus primeras sociedades naturales como la familia, los amigos y la patria, que permita una concatenación tanto en lo social (yo-familia-empresa-cámaras mercantiles-sociedad), como en lo personal (yo-familia-barrio-ciudad-patria). 

Cabe destacar, que la vital importancia de la responsabilidad radica tanto en sus principios como en sus consecuencias. Sin embargo, si no se tienen en consideración las circunstancias del acto, todo el horizonte ético se desdibuja. No es lo mismo matar en legítima defensa que asesinar de manera dolosa. La línea que separa dichos actos es muy amplia aunque algunos no la quieran ver…


 

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La escena es trágica, Ulises escucha al poeta ciego, Demódoco, cantar la epopeya troyana frente a la corte real y recuerda emocionado, al punto del llanto, la legendaria victoria que lo puso cara a la eternidad.  Aquel héroe de la épica homérica, es descrito por su creador como la personificación de la areté, la virtud, la perfección humana lograda a través de la fortaleza en la batalla.

Ya en la época clásica, Aristóteles hará de la virtud la piedra de toque de toda la “Ética Nicomaquea”. La virtud, afirma el estagirita, es “una determinada disposición de la mente para la elección de acciones y emociones… tal como un hombre prudente lo haría”. En la época moderna, Thomas Carlyle asumía, sin ambages, en su preclara exaltación de las virtudes de los héroes, que “el hombre sólo vive si tiene algo en lo cual creer”. Tiempo después, José Ortega y Gasset afirmaría junto con los clásicos latinos que el hombre elegante es aquel que sabe como actuar y sabe que decir en el momento adecuado, debido a la eligere, a la elección rigurosa de cada uno de sus actos.

No es el cumplimiento del deber como afirma la deontología, ni la obtención de un beneficio-placer como lo afirma el utilitarismo. Si el hombre se decide a actuar, entonces la virtud es el punto de referencia obligado en el sistema ético.


Para entender el error que significa la aprobación de Obama sobre la destrucción embrionaria…


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El Presidente Obama ha inagurado una nueva era positivista, bajo la égida del fundamentalismo científico,  que en razón del “progreso material de la ciencia” no toma en cuenta los postulados elementales del humanismo bioético, cometiendo de esta manera un crimen contra la dignidad de la persona humana. Bajo este tipo de argumento se han realizado las más graves ofensas a los derechos fundamentales, sólo recordemos los experimentos eugenésicos realizados durante el nazismo. 

La aprobación de la investigación con células madre no es una cuestión que se deba analizar bajo la lupa de la “neutralidad moral” de la ciencia como lo ha propuesto implicitamente el presidente Obama, en virtud de que,  sensu contrario, todo científico es un agente moral que en su actuar se pregunta sobre la bondad o maldad de sus acciones. En otros términos, si la única cuestión legítima es resolver, como lo proponen los defensores del cientificismo, si  la bondad de la investigación científica se determina en función de los parámetros de la maximización del beneficio médico entonces se dejaría de lado la situación ética de la destrucción embrionaria. Permitir este hecho, es aprobar la experimentación indiscriminada en función de un criterio utilitarista que reporta beneficios económicos al mercado a costa de sacrificar vidas humanas.

Si aceptamos esta falacia materialista la sacralidad de la vida humana carecería de valor intrínseco en función del valor extrínseco que representaría el beneficio médico; la investigación científica se convertiría en un mero satisfactor intelectual, en una vacua prebenda racionalista al servicio del progreso abstracto del hombre y por supuesto, lo más preocupante sería que la persona se convertiría sólo en un medio para alcanzar un fin, violando de esta manera el fundamento antropológico de la ciencia. 

En sintesís, la ciencia esta al servicio de la persona humana y no la persona humana al servicio de la ciencia, afirmar, sin ambages, la posición contraria es rechazar tajantemente el humanismo bioético y, por lo tanto, declarar la prevalencia del utilitarismo económico y el relativismo ético sobre la vida humana. 


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El reconocimiento humilde y doloroso que los Legionarios de Cristo, congregación de derecho pontificio, y el Regnum Christi, su brazo secular, realizaron sobre algunas conductas impropias de su fundador el Padre Marciel Maciel Degollado ha dejado una lección sobre  la importancia de la unidad de vida para los cristianos, es decir, de sabernos hijos de Dios en todo momento tanto en la llamada vida “pública” como en la “privada”. Sin embargo, todos los que formamos parte de la Iglesia, debemos estar agradecidos con Dios, ya que se ha valido de un instrumento humano imperfecto para dar a conocer al mundo un nuevo carisma apostólico que difunde la fe verdadera a través del amor a Cristo, a María y al Santo Padre.

Mientras varios sectores modernistas y heréticos dentro de la Iglesia se han encargado de minar la unidad de los cristianos y atacar al Magisterio de la Iglesia, los Legionarios se han mantenido como un bastión que ha sabido cuidar el tesoro precioso de la fe por medio de la formación en sus seminarios sacerdotales y en su labor educativa por todo el mundo.  Si alguna institución ha defendido la fe católica desde la ortodoxia, ha dado muchas vocaciones sacerdotales a la Iglesia universal y ha sido un instrumento fiel a la Sede Petrina han sido los Legionarios de Cristo.

A pesar de los pecados que el Padre Maciel hubiese cometido en su camino de cristiano, la congregación que ha dejado a la Iglesia debe mantenerse fiel a su espíritu fundacional y sobre todo debe confiar en la justicia divina que, a través de la misericordia divina, los hará permanecer viviendo cara a la eternidad, et dimitte nobis débita nostra, sicut et nos dimittímus debitóribus nostris, el perdón debe prevalecer ante todo.


Hace unos días el gobierno británico prohibió la entrada al Reino Unido a Geert Wilders por que planeaba proyectar en el Parlamento inglés su video “Fitna”, en donde, se demuestra el mensaje de odio, terror y muerte que propaga el Corán hacia los infieles. Lo curioso del asunto es que en la cuna de los derechos fundamentales, en particular, de la libertad de expresión y la libertad religiosa, el gobierno haya tomado esta decisión debido a que violaba la política estatal sobre la exclusión y el extremismo.

Ahora resulta que la misión del gobierno británico es proteger y promover la islamización de Europa, a través, de medidas cuasitotalitarias que restringen la libertad de expresión. Ya sólo falta que se tipifique como un crimen de odio el derecho a criticar razonadamente la efectiva invasión del Islam a Europa. ¿En dónde ha quedado la cordura, la sensatez y sobre todo la verdad? Si los gobiernos europeos continuan promoviendo este tipo de medidas, se habrá declarado el suicidio cultural, religioso e histórico de la región. Sin embargo, la lucha por la identidad europea apenas comienza, Geert Wilders es uno de sus defensores. Es nuestro deber apoyarlo si aún sostenemos que el legado grecoromano-cristiano es lo que le da sentido y vitalidad a nuestra civilización occidental. ”Alea iacta est”, la suerte está echada.


 

Obispo Richard Williamson

Obispo Richard Williamson

 

“Mientras que vuelvo a expresar de todo corazón mi completa e incondicional solidaridad con nuestros hermanos, portadores de la primera Alianza, deseo que la shoah incite a la humanidad a reflexionar sobre el imprevisible poder del mal, cuando toma posesión del corazón del hombre. Que la shoah sea, para todos, una advertencia contra el olvido, contra el negacionismo o el reducionismo”

S.S. Benedicto XVI, 28 de enero de 2009

“Creo que no hubo cámaras de gas. Creo que entre 200.000 y 300.000 judíos murieron en el período nazi en campos de concentración, pero ninguno de ellos en cámaras de gas”

Richard Williamson, noviembre de 2008

En primer lugar cabría afirmar que los judiíos no tienen derecho a imponer su criterio sobre cuestiones que competen directamente a la jurisidicción de la Iglesia Católica, como lo es el de levantar la excomunión a sus miembros. Nada impedía en los canones de Derecho Canónico para que la Santa Sede, por medio de un decreto emitido por el Prefecto para la Congregación de los Obispos, levantase la excomunión  latae sententiae  a los cuatro obispos de la Sociedad San Pío X, entre ellos Richard Williamson.

Por otro lado, cabe señalar que el Sumo Pontífice Benedicto XVI ha aprobado una decisión cuyos efectos son congruentes con las enseñanzas del magisterio de la Iglesia: si algo ha quedado claro, en general a partir del Concilio Vaticano II, y en particular con la Declaración Conciliar Nostra Aetate,  es la disposición ecuménica de la Iglesia Católica para reconocer  en los judíos el carácter veterotestamentario de pueblo elegido por Dios y para otorgarles el calificativo de hermanos mayores en la fe.  Sin embargo, aún sin considerar lo anterior, el hecho de que un sacerdote católico se pronuncie a favor o en contra de la historicidad de ciertos actos cometidos en el Holocausto, entra en el terreno del debate historográfico y no en de la disputa teológica. 

Si algo es condenable en el asunto, es la posición asumida por ciertos sectores del judaísmo y del laicado que interpretan la decisión como si fuese una aprobación directa por parte del Papa hacia el negacionismo de la Shoa. También lo es los sectores sociales que bajo el velo de la corrección política se han limitado a aceptar,  sin mayores cortapisas, la veracidad histórica de la versión oficial del Holocausto, claudicando con ello a la confrontación entre distintas evidencias históricas que pueden dar una versión más amplia y certera de los hechos. Hay que saber diferenciar entre la negación de la existencia de un hecho histórico, como lo es el Holocausto (negacionismo) y el revisar algunos de las evidencias fácticas que soportan la reconstrucción histórica de dicho acontecimiento (revisionismo), esto último, la postura defendida por el obispo Williamson.

En conclusión, lo aberrante del exterminio sistemático de los judíos no es la cantidad ni la forma material  en que se hubiese ejecutado, lo cual, como todo suceso humano está  sujeto a la investigación histórica;  sino la gravedad del asunto radica en la crueldad y el odio con el que se  les desconoció su eminente dignidad de personas humanas y, por otro lado, el que se les haya restringido su legítimo derecho al ejercicio de la libertad religiosa. Si alguien lo ha afirmado de esta manera ha sido el magisterio de la Iglesia Católica Romana. 


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“Toda transición política es, si quiere ser auténtica, transición cultural, paso de unas ideas, normas y expresiones, a otras ideas, normas y expresiones que juntas orientan las acciones de los hombres en tiempos y lugares distintos”.

Carlos Castillo Peraza

La cultura política mexicana, caracterizada por un ethos nacionalista, patrimonialista y corporativista, sigue vigente a pesar del cambio del partido en el gobierno.  La cultura del mural, como la llamó Carlos Castillo Peraza, se ha impregnado indeleblemente en todos los políticos de nuestro país. Sólo es necesario observar el actuar del Presidente Felipe Calderón  en las últimas semanas para comprender que la forma de ejercer la función pública en México es la misma de siempre. 

Los pactos  corporativos con los sectores productivos, la intervención del Estado para evitar la fluctuación de precios, la retórica vacua, árida y formalista para explicar las acciones del gobierno, nos muestra que el patrimonialismo estatal se ha convertido en la única forma adquirir respeto y legitimidad como autoridad pública. 

El presidente Calderón, caracterizado por un sano realismo no se ha dejado llevar por el soplo de la utopía reformista sin embargo aún tiene muchos pendientes para concluir la transición democrática en México. El economicismo que domina a la política no deja espacio para que el PAN y el presidente Calderón vislumbren la importancia de las ideas en el foro público. La visita que realizó el presidente Calderón al presidente electo Obama fue sumamente representativa para comprobar que la transición aún no ha tenido efectos en la diplomacia del país. 

Un detalle insignificante para la alianza estratégica entre México y los EE.UU. pero ejemplar para entender que las expresiones siguen siendo las mismas fue el recorrido que ambos presidentes realizaron a la exposición artística montada en la sede de la reunión. Las obras oficiales del régimen nacionalista revolucionario estuvieron presentes, no falto una sola. La visión maníquea, estática y de fracaso que se transfigura en cada una de ellas es la quintaesencia de la cultura política en México.